Es sorprendente, deplorable
e incluso peligroso que Pablo Iglesias, quien siempre dijo que el “cielo hay
que tomarlo por asalto”, tras firmar un amplio acuerdo de gobernabilidad con
Pedro Sánchez, se dedique, en nombre del Gobierno o al menos con su consentimiento
(en ningún momento se le desautoriza), a intermediar con nacionalistas y
secesionistas totalitarios, que pretenden imponer su maquiavélico proyecto al
margen de la ley, para intentar que se sumen a la sostenibilidad de un débil “gobierno
de izquierdas” a cambio de que éste se comprometa a avalar cuestiones que ni
dependen de él ni incluso se ajustan a la legalidad vigente, salvo que,
previamente, se reformara sustancialmente la Constitución española, para lo que
ni el concurso de todos ellos conseguiría la mayoría cualificada que ello
requiere. En efecto, con la excusa concreta de los Presupuestos, Iglesias,
ejerciendo de Vicepresidente o portavoz del Gobierno, tras visitar a Junqueras
en la cárcel, llama al prófugo Puigdemont, a quien buena parte de los suyos ya
no respaldan por su visionario totalitarismo enfermizo, y lo eleva por gracia
de Dios a la categoría de “interlocutor importante” (mal asunto si el futuro de
la gobernabilidad de España depende de semejante personaje) para convencerle y
prometerle que con Sánchez España será plurinacional, negociando con los
secesionistas catalanes y los nacionalistas vascos apoyar el inexistente e
ilegal derecho de autodeterminación, definido en el derecho internacional y en
la ONU para casos que nada tienen que ver con la realidad catalana. Así
Puigdemont, fugado de la justicia, se convierte a ojos del socio de Sánchez en
un interlocutor prioritario, mientras el ex president eleva el precio al apoyo
a los PGE (ya lo hizo también Junqueras en su entrevista en la cárcel con el líder
podemita) exigiendo gestos gubernamentales en el asunto de los presos y en la
autodeterminación, mientras Iglesias, por su parte, exige a Sánchez que también
se pliegue a la vía soberanista de Urkullu, tras entrevistarse con él para
pedirle su apoyo para perpetuar un Ejecutivo de izquierdas (vamos, como si el
PNV fuera comunista o algo parecido). La complacencia del Gobierno con esta
especie de insólita autoportavocía de Iglesias es evidente, mientras Puigdemont
lanza un nuevo órdago al Estado de Derecho y en Waterloo creará el Consejo de
la República el próximo día 30, investido ya por Iglesias, genuino portavoz
gubernamental como “interlocutor importante”. Y entretanto, hasta la
convergente Artadi rechaza ser candidata a la alcaldía de Barcelona, mientras
Iglesias mercadea con apoyar el derecho de autodeterminación a cambio de
sotener el Gobierno PSOE-Podemos…. Es obvio que mientras Sánchez se promociona
visitando la planta de Renault en Valladolid, cede la..... (sigue leyendo en Blog Mi punto de vista,
http://jorgecremades.blogspot.com.es/)
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